| ¿Las vacaciones “exigen” emprender un viaje? Viajar, ¿es siempre sinónimo de descansar? Pensamos, deseamos y añoramos el receso durante todo el año. Planificamos destinos y actividades que, en medio de la vorágine laboral, no tuvieron cabida en la agenda justamente porque nos dedicamos al trabajo casi con un “contrato de exclusividad”. En este último número del año Saludhable propone preguntarse qué esperamos de nuestro tiempo libre cuando se acaban las obligaciones. Encuentros, reencuentros, agendas vacías, espacio para compartir. ¿Qué nos deparan las próximas vacaciones? |
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• Muchas veces creemos que si no tenemos la posibilidad de viajar no podemos descansar y divertirnos durante nuestras vacaciones. Estamos “programados”: si es invierno la cita obligada es esquiar. Si es verano el destino por excelencia es la playa o la montaña y si es momento de trabajar, debemos hacerlo con exclusividad sin posibilidad de darnos permiso para el disfrute. ¿Por qué no podemos considerar, por ejemplo, ir a la playa un martes por la tarde si los horarios nos lo permiten sin sentirnos culpables por ello? ¿Por qué creemos que durante el año sólo es momento de trabajar y no nos merecemos disfrutar de una actividad que nos resulte placentera como ir de pesca, organizar un pic- nic familiar o simplemente disfrutar de una siesta reparadora? “Está vinculado a seguir y respetar las mandatos sociales”, explica la psicóloga Gisella Suárez. La mayoría de las personas aguantan, soportan para luego a fin de año tener la “recompensa” y mágicamente en 10 o 15 días de vacaciones lograr descansar.
Descanso planificado “Las vacaciones son un momento de esparcimiento dedicado al descanso y al cambio de actividad; son un derecho y contribuyen a nuestro enriquecimiento personal. Cada persona, pareja o familia las planifica de acuerdo a su estilo personal y hábitos familiares. Se organizan de acuerdo a las edades de los miembros de la familia y a las diferentes etapas que las parejas atraviesan”, explica la licenciada en psicología Yanina Alderete.
La Patagonia es cosmopolita, recibe en forma permanente gran cantidad de trabajadores que llegan desde distintos puntos del país y extranjero para trabajar en la industria petrolera, pesquera, construcción, entre otras. Con lo cual, al llegar fin de año muchas de estas familias encuentran en las vacaciones un excelente momento para retornar a sus lugares de residencia y visitar familiares. Con este ejemplo, la licenciada explica que para cada persona el término vacaciones tiene una acepción distinta. También hay quienes sostienen que es un momento para “no hacer nada”, otros aprovechan ese tiempo libre para poner en condiciones el hogar y otros para conocer un nuevo destino. Todas acepciones válidas si el objetivo es descansar.
Cómo organizar un viaje
No es lo mismo planificar unas vacaciones cuando la pareja está sola, que si tiene hijos chicos o adolescentes. Llegar a un acuerdo sobre el destino suele ser el primer desafío familiar.
Algunos especialistas recomiendan poner a consideración de todos los integrantes las opciones disponibles. Es que las vacaciones son para todos y tanto los mayores como los más pequeños compartirán algunas experiencias aunque también deberán tener la oportunidad de disfrutar de actividades propias a la edad y preferencias.
Otra recomendación es planificarlas con tiempo. En el caso de las familias que tienen niños pequeños, Gisell Murphy, licenciada en Psicopedagogía, sugiere la anticipación. “Los niños tienen dificultades con lo temporal. El ´mañana, más tarde o ayer´ suelen ser difíciles de comprender para ellos. Es más fácil explicarles con cuestiones concretas como ´después de comer´, ´después de que duermas´; siempre cuidando que tanta anticipación no genere ansiedad. Tampoco es recomendable avisarles unos minutos antes de emprender el viaje de vacaciones; es preferible contarles con un tiempo suficiente que les permita hacer preguntas respecto a esa salida y al viaje en familia”.
Es importante realizar una lista con aquellos artículos y elementos que no debemos olvidar cargar en las valijas, como un botiquín médico, el teléfono del pediatra, datos del seguro médico y la documentación personal y del vehículo si es que se trata de un viaje por tierra.
No resulta un dato menor la elección del alojamiento porque deberá ser adecuado para una estadía familiar placentera; hotel, departamento, cabaña o carpa si la elección pasa por unos días al aire libre.
Es necesario para los chicos un período de adaptación al lugar, que les permita estabilizarse emocionalmente frente al cambio de hábitat, que se acostumbren a la nueva cama y objetos que los rodean. Es que lo nuevo es extraño y no les da seguridad. La realidad es que si los padres se adaptan rápidamente, los chicos también pueden hacerlo, pero hay personas a quienes por su forma de ser les cuesta habituarse a situaciones nuevas.
La psicopedagoga Gisell Murpy explica que “a los chicos les cuesta acomodarse a situaciones nuevas; por ejemplo el caso más común se da en los cumpleaños. Al principio les lleva un tiempo integrarse a los juegos, pero cuando ya es momento de partir lloran. Esto tiene que ver con una adaptación al espacio y a los otros; necesitan un tiempo de espera y paciencia del adulto”.
Por su parte y en esta misma línea, la licenciada Suárez agrega que en el caso de los adultos ocurre algo similar. “Se pasa de un estado de stress a uno de relax total y a la mayoría les lleva unos días acostumbrarse. Se sienten aburridos, vacíos, fastidiosos, no saben como aprovechar el tiempo y cuando se van acostumbrando, es momento de regresar a la rutina laboral. Esto habla de que no se manejó correctamente la tensión durante todo el año y que evidentemente es insuficiente tener sólo diez días de descanso en todo el año”, asegura.
Apurados por descansar
Cargamos los bolsos, los chicos, salimos de madrugada y viajamos a la velocidad de la luz tratando de llegar lo más rápido posible al primer destino planificado. Allí nos quedamos dos días, luego se repite la carrera: bolsos, chicos y acelerador para llegar a la próxima parada. ¿Es este el descanso que esperamos durante todo el año y que nos proporcionará el relax suficiente para encarar con energías el resto de los meses? “Si hablamos de vacaciones y viajes como sinónimo de descanso deberíamos preguntarnos cómo hacemos para ir matizando el descanso con el trabajo y la renovación de las energías”, se pregunta Suárez. “A veces viajar es una buena opción pero otras no es necesario hacerlo. En el caso de los fines de semana largos que nos llevan dos días de viaje y luego dos de disfrute en el lugar elegido, es recomendable tomarse un día más si la actividad laboral lo permite u optar por quedarse en el lugar de residencia y encontrar allí una alternativa de descanso. Es que el movimiento del lugar habitual a uno nuevo lleva un tiempo de acostumbramiento, un viaje moviliza muchas cosas y no siempre pasa sin dejar huella. Se sale de la rutina habitual y eso genera cierto estrés”.
Vacaciones en armonía ¿Cómo logra una familia compatibilizar los gustos de sus integrantes durante las vacaciones? Los más pequeños reclaman jugar en la plaza, los adolescentes hacer vida nocturna y dormir de día y los padres descansar a la sombra de alguna arboleda. “Esto será una consecuencia de cómo se hayan manejado durante el resto del año”, dice Suárez”. Y agrega: “si como familia durante el año todos tuvimos agendas disímiles; sólo nos juntamos para cenar, a penas nos hablamos porque estamos muy cansados y no nos enteramos de lo que le pasa al otro; el re encuentro en las vacaciones de esa familia puede ser muy positivo o caótico. “Las vacaciones, el no tener actividades laborales y viajar todos juntos a un destino, hace que la familia se re encuentre, se miren, se reconozcan. Puede pasar que no se gusten, no se aguanten o no se entiendan. A veces se cree que viajando una semana al Caribe las diferencias van a desaparecer. En estos casos, generalmente, la mirada se pone en el afuera, en el entorno, en el paisaje y no en nosotros mismos. Se minimizan las discusiones y hasta se pasan por alto”. Es que como asegura Suárez y coinciden Murphy y Alderete, las vacaciones son oportunidades para revisar la relación, encontrarse o terminar de desencontrarse. Esto demuestra que no necesariamente hay que viajar para descansar o encontrarnos con el otro. La pregunta en todo caso sería ¿qué significa para cada uno de nosotros descansar?
Breves descansos
Tal vez una opción válida sea, como recomiendan las especialistas, animarse a tomar pequeños descansos durante el año, sin sentirse culpables por ello. Llegar agotado a fin de año es un indicador de que en la rutina diaria no se dan estos permisos que llegan como una bocanada de aire fresco al espíritu y permiten arribar a fin de año sin esta sensación de agobio y desesperación. “Hay que pensar en actividades creativas, ordenar los tiempos y regular los espacios de trabajo a lo largo de todo el año”, explica Suárez. |
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