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Las horas descansadas no se pierden, dicen los especialistas tratando de poner en valor la idea de – literalmente - “no hacer nada”. Romper con la rutina diaria, los horarios y cortar con las responsabilidades es un aprendizaje que nos absorbe los primeros cinco días de vacaciones. Luego, el cuerpo y la mente se van acomodando a los nuevos horarios que proponen las vacaciones. Chicos y grandes esperan ansiosos su llegada durante todo el año, pero con ellas muchas veces también aparece el fantasma del aburrimiento. En esta nota, claves para disfrutar del tiempo libre en familia sin estresarse.
 
 
El tiempo de las vacaciones es un tiempo para descansar, para armar rutinas más livianas y cortas. Porque el descanso también es una actividad, pero pasiva donde el cuerpo recupera energías”, aclara la psicóloga Patricia Altuna, acostumbrada a tratar con padres de niños aburridos.
No saber estar sin “hacer nada” y tener “momentos muertos” parece no estar permitido en una sociedad que se mueve a un ritmo vertiginoso donde lo que falta, siempre, es tiempo.
“Muchas veces las madres nos plantea que el niño manifiesta en forma permanente estar aburrido. Pero no siempre tenemos que llenar esos espacios vacíos. Está demostrado –dice para asombro de muchos- que el aburrirse es necesario, para descansar y también como una forma de aprender a estar solo”, indica Altuna. De hecho, el aburrimiento forma parte de la naturaleza del hombre, sólo que actualmente se tolera bastante poco.

• Rutinas Light

El “estoy aburrido” suena como una muletilla en los oídos de la madre a lo largo de todo día, a la espera de una solución que lo saque de ese estado que le produce incomodidad. La primera semana de vacaciones, es generalmente de adaptación y de descanso, luego se pueden sugerir múltiples actividades que al niño le resulten placenteras. “Nuestros hijos van tomando estos recursos en tanto los adultos se los ofrezcamos”, dice recordando que fuera de los juegos de computadora y la televisión hay otro mundo.
Citó entonces las actividades al aire libre. Lugares como la playa, la montaña, pasear en bicicleta o en patines. Salir de pesca u organizar un día de pic nic, siempre resultan alternativas tentadoras para los más pequeños de la casa. “Los recursos naturales los tenemos a la vista y a nuestro alcance, pero creo que en algún punto los papás los perdieron de vista”, opinó.
La profesional remarcó especialmente la figura de los padres porque son ellos especialmente quienes deben sugerir a los niños actividades alternativas y variadas. “En realidad somos los adultos los que decidimos no salir afuera porque no toleramos el viento. El niño, en cambio, se adapta a cualquier situación climática si está bien abrigado”, dijo recomendando no esperar un hermoso día en la ciudad para salir a caminar por la plaza. Sin percibirlo, “inconscientemente enviamos es tipo de mensaje a los niños. Si hay viento, no se puede salir. Entonces él lo repite”.
Otra alternativa a los lugares cerrados y a las actividades pasivas que propone la tecnología son los juegos de mesa, recomendados para compartir en familia, además de alimentar el gusto por la lectura que les permitirá a los niños alimentar la creatividad e imaginación.
Si la situación económica de la familia lo permite, se puede pensar en talleres de tenis, cocina o pintura. No como una actividad que dure los tres meses de vacaciones, sino como complemento.

• De vacaciones y felices

Resulta un desafío para cualquier familia con hijos de edades diversas, pasar diez días juntos en algún destinto turístico, compartiendo las veinticuatro horas y lograr sean realmente vacaciones para todos. No es imposible, según lo indica Altuna.
En principio hay que tener claro con qué recursos económicos cuenta la familia para elegir el destino, después conversarlo con el resto de la familia, escuchar sugerencias y que todos colaboren en los preparativos del viaje. Por ejemplo, “los más pequeños pueden elegir la ropa que llevarán y guardarla en los bolsos”.
La especialista reconoce que cuando la familia está conformada por hijos de distintas edades, es más difícil coordinar las actividades que se realizarán una vez en destino, aunque no imposible. “Hay que tener en cuenta a los más chicos que tienen necesidades e intereses distintos a la de los adultos”, recomienda.
Cuando están en la primera infancia (de 1 a 5 años) los niños son más dependientes de los padres y necesitan cuidados especiales, como por ejemplo respetar sus horarios de siesta o ir a la playa a partir de las cinco de la tarde, cuando el sol ya no es tan fuerte. Es a partir de los siete años cuando alcanzan una mayor independencia. “La convivencia no es fácil, por más que estemos de vacaciones. De todas maneras siempre es importante tener paciencia y no se individualista con lo que uno quiere realizar y entender que hay momentos para todos”.

En el auto de papá

Altuna dedicó un párrafo especial a las vacaciones de familias ensambladas, quienes también deben aguzar el ingenio para convivir todos –los tuyos, míos y nuestros- en armonía. Lo esencial es poner pautas y condiciones de ante mano.
“En el caso de los padres separados, es importante que la madre permita –teniendo en cuenta la edad del niño- que el padre los lleve de vacaciones. Porque las vacaciones son una buena oportunidad para reforzar los vínculos y construir nuevas formas de comunicación entre los distintos miembros de la familia”, destacó.
 
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