• En caso de contar con los recursos económicos suficientes y confiar en la ciencia como remedo del orden natural de las cosas, algunas mujeres puestas ante aquellos planteos tienen hoy la chance de buscar respuestas sin tanto apuro. Pueden, por ejemplo, criopreservar sus óvulos sanos de hoy para cuando mañana aparezca el padre deseado o deseoso, el tiempo propicio o las ganas.
Pero también deberán considerar que las tasas de embarazo con estas técnicas rondan el 20%.
Para un informe publicado por Infobae.com el último 21 de Mayo, Valeria Chávez entrevistó al médico ginecólogo Sergio Papier, especialista en Medicina Reproductiva y director del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción.
En ese centro porteño se criopreservan ovocitos desde 1997 en casos de pacientes con patologías oncológicas que ven amenazada su salud reproductiva y se instauró en 2007 el Programa de Criopreservación de Ovocitos para casos de toda índole.
Aúnque todavía no está establecido por cuánto tiempo pueden criopreservarse los óvulos, Papier sostuvo que en su Centro se consideran los 50 años de edad como límite para la implantación, tanto por razones obstétricas como “éticas”.
«Preferimos que no haya edades tan dispares entre madre e hijo», dijo. «Tratamos de evitar que haya chicos con `madres abuelas’». Además, está comprobado que el éxito de las técnicas de reproducción asistida disminuye en la medida en que aumenta la edad de la madre.
• El cuerpo
El último 10 de Mayo el Diario Uno de Mendoza en su versión digital informó que la edad promedio de las mujeres que se someten a tratamientos de fertilidad aumentó en dos años, según un estudio realizado por el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), lo que evidencia a su vez que en Argentina comienza a plantearse el mismo fenómeno de postergación de la maternidad que se da en Europa y otros países Latinoamericanos.
Mientras la Red Latinoamericana de Reproducción Asistida (Red LARA) registró en 2005 que el 52,9% de las parejas que realizaban tratamientos de reproducción eran mayores de 34 años, el IVI Buenos Aires determinó que para el período 2008/2009 ese porcentaje alcanza el 75,6%.
Esa situación obedecería, entre algunos factores, “a la incorporación masiva en el mercado laboral, la búsqueda del desarrollo profesional y personal, cambios en los hábitos de vida y sistema de valores, entre otros”, opinó Fernando Neuspiller, director de IVI Buenos Aires.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aporta también una pista cuando señala que el período de la adolescencia se extiende hoy hasta los 25 años. Y además, hay quienes sostienen que existe una falsa percepción de las posibilidades reproductivas y muchas mujeres no se cuestionan su edad biológica real en materia de fertilidad.
Para Neuspiller, “el rango de edad óptima para lograr un embarazo natural es entre los 20 y los 32 años”. “Pero hoy esto se ha pospuesto para más allá de los 35 años” dice, y advierte: “las parejas jóvenes tienen una probabilidad de embarazo cercana al 25% por ciclo, mientras en las parejas de alrededor de 40 años ese porcentaje cae a menos del 5%”.
En relación a los métodos asistidos, otros estudios señalan que, en mujeres de 35 años, la fecundación in vitro suele dar un embarazo en el 50% de los casos, y el éxito desciende al 24% entre las mayores de 40, aumentando a su vez “considerablemente” el riesgo de pérdida fetal en este grupo de mujeres.
El aumento de la edad media de la maternidad es un fenómeno extendido en el mundo, y más notable principalmente en países desarrollados de Europa, donde ya a nadie extraña que una mujer –o una pareja— espere hasta los 35 de ella para buscar un embarazo.
En la Argentina, según las tasas de fecundidad registradas por la Dirección de Estadística e Información del Ministerio de Salud de la Nación hasta 2003, las edades de parir no habían observado grandes diferencias en las últimas dos décadas. Era en la franja de mujeres de 20 a 29 años donde más nacimientos se registraban.
Mientras tanto, el Censo 2001 del Indec había arrojado un dato interesante para analizar el tema. La mayoría de las mujeres sin instrucción y hasta nivel secundario incompleto que tuvieron hijos ese año tenían entre 20 a 24 años. Las mujeres con secundario completo y/o terciario incompleto parieron mayoritariamente entre los 25 y los 29 años, y las que contaban con formación terciaria y universitaria completa entre los 30 y los 34 años.
• La experiencia
Hoy los adelantos tecnológicos y una mayor vigilancia durante la gestación ayudan a que la maternidad tardía sea mucho más segura. Y además, existen “ventajas sociales” que podrían compensar los “riesgos biológicos constatados”, según el criterio de cada mujer, o cada pareja.
Se cree que un niño de padres mayores podría beneficiarse de la más amplia experiencia de sus progenitores, por ejemplo, y tal vez de una mejor situación económica familiar.
Cuando en 2005 expuso al mundo los resultados de su investigación y encendió el debate, el propio profesor John Mirowski dijo: «mi investigación demuestra que, desde un punto de vista puramente físico, no hay que preocuparse por tener un hijo después de los 30 años. Y éste es el dato más importante. Las mujeres de 34 años no tienen motivos para alarmarse cuando quedan embarazadas. Los beneficios sociales y económicos de una postergación del parto para una edad más adulta compensan el proceso de envejecimiento».
Su investigación contraría la difundida creencia de que la edad justa para convertirse en madre giraría entre los 20 y los 25 años, porque a mayor edad aumentan los riesgos de complicaciones en el embarazo y de enfermedades genéticas.
A comienzos de 2005 el estudio realizado por el investigador inglés concluyó que la edad ideal para la maternidad se extiende hasta los 34 años.
John Mirowski y su equipo de investigadores examinaron la historia clínica de 3.000 mujeres que habían tenido por lo menos un hijo y descubrieron que los problemas de salud comienzan a disminuir a partir de los 22 años, alcanzan el nivel más bajo a los 34 años, y vuelven a aumentar después de esa edad.
«Una mujer que tuvo su primer hijo a los 34 años, es 14 años más joven, desde el punto de vista del estado de salud, que una mujer que trajo un hijo al mundo a los 18 años», dijo Mirowski, cuya investigación fue entonces publicada en la británica Journal of Health and Social Behaviour.
En el debate mediático posterior intervino Cecilia Pyper, profesora de ginecología de la Universidad de Oxford, quien advirtió que «se puede esperar hasta los 30 años para tener el primer hijo, pero es mejor no postergarlo más, de manera que si surgen problemas haya tiempo de recurrir a la fertilización artificial».
Y en relación a los “beneficios sociales” que compensan los mayores “riesgos biológicos”, desde la organización Royal College for Midwifery, una organización profesional que nuclea a los obstetras británicos, Melanie Every sostuvo que «las mujeres profesionales que postergan el momento de tener hijos tienen un ingreso más alto, un mejor nivel educativo, una dieta mejor y mejores condiciones de vida; en otras palabras, una mejor posición social y económica y, en este sentido, ser un poco más vieja puede ser una ventaja».
Mirowski parecía de acuerdo: “cuanto más espera una mujer para tener hijos, hasta un cierto punto es mejor. Obviamente, cuando el sistema reproductivo empieza a debilitarse, es riesgoso postergar la maternidad. Hay que encontrar un equilibrio, sopesar los diversos problemas».
El diario británico Mirror publicó al respecto la opinión de Kate Cambridge, una «madre tipo» que dio a luz a su primer hijo a los 34. «Desde el punto de vista físico —dijo la mujer— todo anduvo muy bien, creo que también porque me tomé muy en serio el embarazo. Y, desde el punto de vista psicológico, fue mucho mejor. Mis amigas que habían tenido un hijo a los veintipico recuerdan lo difícil que les resultó renunciar a salir a la noche, beber, fumar, divertirse. A mí, en cambio, no me costó absolutamente nada».
• El deseo
El suplemento femenino Las/12, del diario Página/12, por entonces convocó la opinión de Laura Gutman. “Los relojes biológicos son exactos y misteriosos al mismo tiempo –dijo la psicoterapeuta familiar —. Las mujeres, en la medida en que menstruemos, podemos concebir, parir y criar niños. Y mientras seamos fértiles esto es así, independientemente de los cánones sociales de la época, la cultura o la moda. No hay ningún reloj biológico que se corre, hay modos de interpretación cultural de nuestros relojes internos”.
También el obstetra Carlos Burgo hizo su aporte: “Decir que la edad ideal es tal es algo demasiado presuntuoso. Hay muchos factores que intervienen en la evolución del embarazo y la capacidad para parir, no tiene que ver con la edad sino con condicionantes como proyecto de vida, calidad de vida, experiencias. Lo que se puede decir desde el punto de vista biológico es que la naturaleza ha determinado que las mujeres jóvenes estabilizan su ciclo menstrual entre los 20 y 22 años y a los 37 o 38 años empiezan a aparecer nuevamente trastornos del ciclo. Entonces la plenitud biológica podría entenderse entre esas franjas. Pero lo que hace a la diferencia no es la edad, no podría decir que es más óptimo a los 25 que a los 35, ahí entran otras cuestiones vinculadas al deseo de tener un hijo, al significado que le dé la pareja, que es el eje fundamental por donde pasa la vida”.
Más que un corrimiento del reloj biológico, para la psicóloga Liliana Hendel lo que se produjo fue “otra inclusión de las capas medias de las mujeres en el ámbito del trabajo”. “El atraso en la edad se produce en las capas medias –opinó–, que le dan más importancia a generar el dinero propio, tienen plena conciencia de lo que implica el crecimiento en una empresa, o hacer un master o una capacitación. También me parece que hay cierta sobrevaloración de la presencia de la madre en la crianza. Pertenezco a esa generación que valoraba tener un título y ejercerlo, la práctica después nos demostró que terminábamos ejerciendo muy pocas porque la mayoría se quedaba en la casa con los hijos. Pero nosotras no suponíamos que si el bebé se enfermaba era porque no estábamos. A lo mejor hace falta una generación más para que trabajar no signifique la renuncia de la maternidad y viceversa”.
Gutman en lo particular dijo preocuparse más por las “jóvenes muy inmaduras que llegan a la maternidad sin saber qué quieren de la vida, que por mujeres conscientes y autónomas que deciden traer un hijo al mundo a los cuarenta y cinco años”.
Cuáles de ellas criarían mejor a sus hijos, es un debate que ya habrá tiempo para continuar. ¿Será lo mismo ser el hijo adolescente de una madre de 40, que de una madre de 60? ¿Puede un nieto recordar joven a su abuela? |