• Maitena fue traducida a doce idiomas. Sus tiras se publican o publicaron durante años en diarios y revistas de más de treinta países, algunos de los más prestigiosos de Europa y Latinoamérica, y para el goce de culturas tan distintas y distantes como las de Islandia, Grecia, Alemania, Holanda o Corea.
El libro antológico de sus “Mujeres Alteradas” lleva vendidos, sólo en idioma español, cerca de dos millones de ejemplares.
En Argentina sus cuadros se colgaron de medios ideológicamente tan diversos y hasta inconciliables como la revista Cerdos y Peces y el diario La Nación, Sex Humor y Para Ti. Fue en épocas distintas del país y de Maitena, es cierto, pero la evidencia confirma el supuesto de que una humorista inteligente es irresistible para cualquier editor. Y además, Maitena está buena.
Hoy no se sabe si anda por los 46 o si perdura en los 39, como amenazó en alguna de tantas entrevistas que rondan la web, pero se tiene por lo menos la certeza de que fue la sexta de 7 hermanos. Que su mamá, polaca, es arquitecta –el tiempo presente responde a que la hija declaró no hace mucho que todavía “la soporta”—, y que su padre, vasco, era ingeniero y llegó a ser ministro de Educación durante la última dictadura militar, a principios de los 80.
La profesión de su madre propició que ella y sus hermanos tuvieran siempre a mano papel y lápices, crayones y témperas para conjurar a ese monstruo de la niñez que es el aburrimiento. Maitena era muy chica cuando descubrió que el dibujo y la satisfacción podían ser conceptos hermanos. “Si mamá me veía con los lápices en la mano, ¡mandaba a otro hermano a buscar el pan! Esto me transmitió siempre la idea de que dibujar era algo muy importante, que no era un juego”.
Dentro de la célebre saga de “Mujeres alteradas”, Maitena una vez presentó “algunas razones por las que a las mujeres nos llaman insatisfechas”. Y dice: “cuando estás sola, extrañas la vida en pareja; cuando estás en pareja necesitas independencia; cuando tenés mucho sexo te sientes un objeto; cuando tienes poco sexo te sientes un insecto; cuando no tienes hijos te sientes incompleta; cuando tienes hijos, te sientes desbordada”.
Su propia experiencia de mujer y su afición por el chisme y la calle le ofrecen a Maitena la arcilla para sus moldes.
Tal vez su madre está entre las musas que inspiraron aquella tira. “Es una persona insatisfecha, siempre le falta algo y le cuesta muchísimo ser feliz”, dijo alguna vez y dejó en claro que esa mujer no es el espejo en quien quisiera reflejarse. “Yo he construido una vida con muchas cosas lindas para disfrutar y quiero ser feliz. No quiero desear siempre lo que no tengo”, dijo una vez, y en otra ocasión fue más lejos: “mi mejor obra de arte es mi vida: lo que yo he hecho de mi vida. Soy fan, muy fan de mi vida”.
El esposo de esa mujer insatisfecha que era su madre, era un ingeniero pro golpes militares pero “no tan facho”.
La adolescencia no le llegó a Maitena en buen momento. En el 75 cumplió 13 años. El país se conducía a ese infierno que en su casa pretenderían un solaz.
“Mis padres eran fachos. La información que recibía de ellos durante la dictadura no tenía nada que ver con lo que ocurría. Cuando empecé a trabajar, a los 17, vi una realidad muy diferente, y averigüé lo que pasaba en mi país. Fue doloroso. Y que mi padre me lo negara fue muy duro”.
Juntos, arquitecta e ingeniero habían ejercido la paternidad hacia Maitena al estilo de quienes tienen 7 y no tantos hijos. “En realidad no me educaron mucho, no se ocuparon muy puntualmente de mí porque soy la sexta de siete hermanos (…) Los más chicos siempre tienen una libertad que no tuvieron sus hermanos mayores Pero no es porque los padres estén más modernos, ni porque hayan aprendido nada nuevo. ¡Es porque están hartos!”.
De chica Maitena ganó fama de “alumna horrorosa: me llevé todas las materias –contó—, estaba muy mal conceptuada. Mi padre decía que era una irresponsable, una bruta, una burra que no iba a llegar a nada. De los colegios me echaban, quedaba libre”.
Alguna vez pudo precisar que en total pasó por 8 escuelas en su vida de estudiante, al tiempo que prefirió reservarse otra cifra interesante. “De las parejas no doy el número porque queda feo”.
“Fui muy rebelde, muy sensible, hice muchos desastres. Ahora que soy madre de adolescentes me doy cuenta de que mis hijos son una perla. Si yo tuviera una hija como fui yo, no sé qué hago. Creo que la mato. Yo di bastantes dolores de cabeza”.
• Fuera de linea
Maitena a los 17 estaba afuera del sistema escolar y más allá. Quedó embarazada y siguió soltera. “Necesitaba dinero y, por supuesto no sabía hacer nada”. Entonces consiguió su primer trabajo como ilustradora gráfica y en medio del caos comenzó a despuntar una carrera brillante.
Con otro hombre se casó a los 18, dejó el nido, y tuvo a su segundo hijo a los 19. A los 24 se separó.
Los 80 la habían puesto a tono. Maitena fue en esa década de locos una chica punk afecta al reviente, y entre el alcohol y las drogas su inspiración destilaba sobre todo tiras eróticas.
La adolescencia a sus hijos les llegó en los 90, una década más luminosa para la mamá Maitena, que hoy sigue sin condenar el uso de drogas, ni siquiera para fingir frente a sus hijos.
“Muchas veces las drogas llenan un vacío, tienen que ver con algo interior. Mis hijos no fueron adolescentes conflictuados, ni tienen agujeros interiores como tuve yo, y era algo muy traumático. Además, me gustan mucho la transgresión y la noche. Ahora también me gusta el día, siempre digo que hago todos los turnos. Lo único que no me gusta es dormir”, le dijo a Noticias a fines de 2005, a poco de iniciar el sabático retiro en el que hoy persiste, tomando carrera para lanzar en cualquier momento un nuevo libro escrito y dibujado en estado de reposo, lejos de la vorágine del trabajo editorial.
Desde su casa de amplios ventanales que miran las ballenas de paso por Uruguay, acompañada por un ex manager de los Soda Stereo y la hija de ambos, hoy a Maitena los balances le dan positivo. Con el éxito de sus tiras se compró el tiempo para gozar de su nuevo estado de “guerrera zen” sin perder la frescura de esa chica rea que fue y nunca desalojó del todo.
«Yo soy una rea bastante mejorada –dice—. Y ojo que cuando digo que tengo mucha calle no es para hacerme la canchera (...) Hice muchas truchadas y, por muchos motivos y en diferentes lugares, estuve con mucha gente, muy concheta y de mucha guita alguna, muy rata y del Harlem, otra. Tuve y tengo amigos en los dos bandos y estoy muy cómoda en todos lados».
Conservando una casa y a sus hijos veinteañeros en Buenos Aires, Maitena siempre está de vuelta de este lado del Río de la Plata, pero cada vez con más ganas de hacer sus regresos más esporádicos.
Hoy disfruta del tiempo frente a aquella playa silenciosa del vecino país oriental, a donde terminó de irse después de sufrir un colapso nervioso que la había dejado sin voz y amenazó con quitarle alcohol y cigarrillos. Allá se ocupa de su cuerpo y su espíritu. Cocina tanto como le gusta y cultiva su propia huerta. Y aunque haya pactado con el padre nunca asistir a una reunión de la escuela, por ejemplo, también se ocupa de la crianza de Antonia, a quien manda a una institución pública, agradecida de no tener que abstraerla de la pluralidad del mundo. Antonia es fruto de su relación con “el amor de su vida”, que es Daniel Kon, a quien sin perjuicio del romance que entraña la expresión, terminantemente le rechaza cada nueva oferta de casamiento. Es que la artista es una convencida de que “casarse da mala suerte” y dice no querer para su última pareja el fracaso que tantas vivieron a la vuelta del altar.
Según reveló a un periodista de diario El País, Antonia hubiera podido tener otra hermana, (o media hermana, no sabemos). El entrevistador hacía girar la conversación sobre las ideas de la verdad y la mentira. “Dígame una verdad que le haya hecho daño saber”, le preguntó el tipo, y Maitena contestó: “que si mi médico me hubiese hecho una ecografía de rutina durante el embarazo hubiera sabido que tenía placenta previa y mi hija no se hubiera muerto en el parto”.
Comparando tantas entrevistas que dan vuelta en la web, a Maitena se la hubiera podido encontrar dando algún paso en falso, mordiéndose la cola. Pero eso no pasa. La mujer en la prensa luce frontal y sincera como lo sugiere su estampa. “Siempre tuve un look muchachito que ahora estoy forzando hasta sus límites: me visto como un chico gay de 22 años. Me compro ropa en las casa para ellos que ¡además son baratas! ¿Qué voy a ir a gastar en Prada? ¡Te arrancan la cabeza y parezco de 70 años!”, reflexionó alguna vez sobre su look desde Uruguay y el toque frívolo viene al caso.
Además de haber hecho de su vida una buena obra de arte, Maitena es algo así como su propio personaje y sus habituales “sincericidios” una de sus fortalezas (o sus debilidades, según quien lo mire).
Alguna vez la humorista gráfica llegó a declarar que se aburre dibujando: “Me falta el talento natural. No está ese trazo privilegiado que yo sí veo en otros colegas míos (…). Nine o Sábat te hacen un dibujo maravilloso en dos minutos, y no te hacen ochocientos mil bocetitos como yo”. Y hasta confesó que detesta su dibujo más famoso a nivel mundial, el de la estatua de la libertad llorando en brazos de un hombre tras los atentados del 11-S. “Está muy mal dibujado. En el lugar donde voy a depilarme lo tienen ampliado de un metro por sesenta. No sé cómo decirles que no me gusta”.
La humorista, se nota, es fiel a si misma, y en el plano conyugal, según parece, también es fiel, por lo menos a su teoría “de las dos naranjas”. “Es una variación de aquella idea de la media naranja que busca su media naranja –explica—: una naranja entera, jugosa y rodando que encuentra otra naranja entera, jugosa y rodando tienen muchas más posibilidades de funcionar. Vincularte con otro desde lo que te falta es ir camino al fracaso. Me parece mejor que cada una tolere lo que la otra persona no vino a completarle. El o ella tiene sus cosas que a vos te gustan mucho y te hacen bien y tiene sus cosas que a vos no te gustan ni te hacen mucho bien. Pero esa persona es así. El otro no tiene que ser lo que te falta. Ni la angustia va a abandonarte nunca, ni el otro va a convertirte en un ser feliz”.
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