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“Sólo hasta que los moquitos lleguen a la nariz”, recomienda ricardo Giambeluca, médico pediatra de Clínica del Valle. El primer año es fundamental
en la vida de un niño porque “arman” sus propias defensas contra las enfermedades. Por ello, a un pequeño con una historia genética normal “hay que dejarlo que esté con mocos, no hay que medicarlo, ni usar antibióticos, salvo que tenga una enfermedad importante como una neumonía”.
 
 

Las condiciones climáticas de la ciudad de Comodoro Rivadavia contribuyen a la aparición de determinadas patologías en niños y adultos. Cambios bruscos de temperatura, inviernos fríos, muy secos y polvillo en suspensión hacen que los hogares estén sobre calefaccionados. “Este es uno de los primeros errores de los padres. Adentro hay 30 grados y cuando se abre una puerta, el cambio de temperatura puede bajar un poco las defensas y dejarlos expuestos a las virosis”, explica.
Durante el primer año de vida, las enfermedades más comunes en los niños son los resfríos de nariz, las gastroenteritis, enfermedades virales, y las que se producen por excesos de comidas antes de tiempo, generalmente propiciadas por las abuelas ansiosas de darles de probar nuevos sabores.
Por ello Giambeluca, médico pediatra de Clínica del Valle, considera que hasta cierto punto es sano que los niños se enfermen. Al menos “sólo hasta que los moquitos lleguen a la nariz”. Hay niños que suelen tener defensas más bajas o antecedentes familiares que los hacen más susceptibles a las bronquitis.
En estos casos “no podemos dejar que se enfermen. Un chico que tenga padres asmáticos y él una bronquitis obstructiva a los 3 o 4 meses, no hay que dejarlo que se enferme y hay que medicarlo”, asegura el pediatra. La recomendación es válida para aquellos casos donde hay una historia genética normal, no medicar y no utilizar antibióticos durante el primer año de vida.

• La fiebre, un síntoma

Durante el primer año de vida, la presencia de fiebre en los niños es signo de que en su organismo ha entrado un virus. Si está acompañado de vómitos o diarrea, hay que estar alerta. Pero si es un cuadro de 37 grados de fiebre sin vómitos, come bien y su estado es normal, hay que esperar.
“La fiebre no es una enfermedad es sí misma, es un síntoma de una posible enfermedad que deberá tener una evolución de por lo menos 48 horas, hasta consultar una guardia. Generalmente las guardias están saturadas. Hay un médico para varios niños y no puede realizar una atención minuciosa y detallada como podría hacer ese mismo médico en su consultorio. Se practica una medicina de acción –reacción, de síntoma-medicación”, explica.
Entonces un niño que viene con unas líneas de fiebre, pero tiene buen estado general, no tiene diarrea, no presenta vómitos y no rechazó el pecho de la madre, se recomienda esperar. Una buena alternativa es bañarlo, ponerle paños fríos, y observar la evolución durante 48 horas. “Luego que visite a su pediatra, pero no hay que apurarse a medicar”, aconseja.
Alerta. Si transcurridas las 24 o 48 horas, el niño continúa con temperatura y se muestra intranquilo, duerme mucho o rechazó la leche, es necesario realizar un control de análisis de laboratorio para descartar enfermedades más importantes como una encefalitis, meningitis, otitis o neumonía, recomienda Giambeluca.

 
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