• Puede que los chicos acepten gustosos la idea de ir a una colonia este verano, o no tanto. Puede que vayan y el entusiasmo les agarre de a poco. Y también puede que se nieguen rotundamente y entonces habrá que ver. No vaya a ser cosa que otra rutina obligada les consuma las ansiadas vacaciones como en una pesadilla de Felipe, el amigo de Mafalda.
Si una colonia es una alternativa elegida de modo más o menos consensuado entre chicos y adultos, lo importante es asegurarse de que en este espacio no solo cumplirán con las exigencias formales –personal capacitado, minimización de riesgos y cobertura médica- sino que además se organizarán las actividades de manera tal que los chicos descansen de las exigencias que imponen la escuela y las rutinas hogareñas durante gran parte del año.
Habrá colonias de diversa orientación, pero se espera que todas consideren que entre sus manos tienen algo de especial valor para los chicos: su tiempo libre, que es ese tiempo lleno de oportunidades para encontrarse con el juego.
El mayor valor del tiempo libre es la posibilidad de “enriquecer al ser humano, utilizando como medio las artes, las ciencias, los deportes y la naturaleza, obteniendo los mejores resultados por la participación gozosa del hombre”. Así dice la Carta de Derechos Humanos al Tiempo Libre, aprobada en el marco de la Conferencia Mundial de Recreación y Tiempo Libre celebrada en Ginebra en 1970.
Puede esperarse que las colonias de vacaciones propendan a la participación gozosa de los niños en las artes, las ciencias, los deportes y la naturaleza, y es probable que tengan éxito si el juego y a recreación son los vehículo de participación elegidos.
La recreación se define como todo aquello que pone en juego la creatividad de las personas. En su libro «Recreación. Fundamentos, didáctica y recursos» (Editorial Stadium 1997), bajo el título de “Un resumen sugerente para la acción del educador”, Juan Carlos Cutrera parece dirigirse a los docentes de educación física que la mayoría de las veces son quienes coordinan una colonia de vacaciones.
“Quien es educador procurará que todas sus propuestas incluyan aspectos que más adelante o ahora redunden en adquisiciones psíquicas, intelectuales o sociales. La incidencia formativa-educativa podremos concretarla en cinco sustancias. Quien actúe, asista o experimente, de la misma forma sentirá satisfecha su inquietud por lo divertido o entretenido de la propuesta. Las sustancias son éstas:
• Expresión: la extroversión de los sentimientos, a través de la palabra, del canto, del movimiento, de la danza, de la habilidad manual, etc.
• Interaccián social: coparticipación, unos y otros en busca de juegos propuestos inmediatos o mediatos; dependencia mutua.
• Creatividad: producción individual o compartida, en la cual el sentir se observa en acción o cosa
• Autodescubrimiento: hallar por si mismo las potencialidades ignoradas, satisfación de descubrir que es capaz de algo que creía muy lejos de sus posibilidades.
• Captación de nuevos conocimientos: acrecentamiento de los bienes culturales a través de observación, visualización e información”.
”Entonces es muy importante que, en su propuesta de actividades recreativas, el educador estudie previamente la posibilidad de que la tarea que propondrá permita el ejercicio de algunas de estas pautas”, dice Cutrera.
Avanzando en su idea de conformar una ONG dedicada a la animación sociocultural, Nicolás Mattano reeditaría este verano, como desde 2003, una de las colonias de vacaciones que integran la oferta de actividades veraniegas para chicos en Comodoro Rivadavia. Se llama Rataplán.
Mattano se inició a los 16 años como entrenador de rugby en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) y desde entonces se ocupa de difundir la actividad física y la recreación a partir de un compromiso que él mismo define como ideológico. Entonces había descubierto que la práctica deportiva podía ser también un vehículo eficaz para la formación de valores y propiciar experiencias colectivas vivificantes siempre que la competencia se asumiera como una alternativa y no como una condición del juego. En adelante cursó estudios de recreación y tiempo libre, educación popular y animación sociocultural.
Cada verano Mattano intenta lograr objetivos elevados con su colonia, aunque asume que enfrenta para eso distintas dificultades, como las que implica no contar con un espacio físico estable todos los años o constituir grupos de colaboradores que ponderen la función social de la actividad por sobre su mero rendimiento económico.
“En la escuela los chicos son objeto de enseñanza, y están atados a un tiempo y a reglas impuestas de forma arbitraria", dice. “En las vacaciones tendrían que sentirse dueños de su tiempo libre y en una colonia deberíamos esforzarnos por lograr que los chicos jueguen a gusto, porque el juego es la manifestación más libre que tenemos las personas. Pero la cuestión no es tomen la pelota: jueguen. Tenemos que saber explotar el potencial creativo de los chicos. Ofrecerles actividades de recreación: deportivas, lúdicas o artísticas. Nosotros para eso incluimos talleres, con gente del teatro, de la pintura, la música, los títeres, para darle también a los chicos herramientas de expresión. Y también les proponemos un montón de actividad física, porque cada vez más chicos, con tanta televisión y tantos jueguitos electrónicos, y a veces también con tan poca calle, por las cuestiones de la inseguridad, tienen mucho desconocimiento de las posibilidades de su cuerpo, falta de destrezas motrices”.
Mattano también considera que las colonias son un ámbito propicio para la transmisión de valores. “No sirven las cosas vacías de contenido“, reflexionó. Estamos trabajando con chicos que necesitan formarse como seres pensantes, críticos y también como líderes de una sociedad mejor. Todas las actividades de una colonia, cada juego, tendría que tener su significación, estar atravesadas por ciertos valores. La cooperación por sobre la competencia; deberíamos tratar de hacer menos filas y más rondas. La ronda es el círculo mágico, en el que todos nos vemos la cara. También tendríamos que trabajar los valores de la convivencia, el respeto, la tolerancia. Nosotros, cuando está terminando la colonia, también creemos que tuvimos éxito cuando los chicos proponen las actividades que quieren hacer en el día, cuando se liberan de esa dependencia del adulto iluminado, del adulto guía. Eso lo logramos porque siempre los coordinadores tratamos de integrarnos en los juegos, jugar con ellos. También en la colonia queda muy claro que los chicos se comprometen cuando notan que vos estás comprometido”.
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