• Existe la fantasía de que si los obviamos, olvidamos o tapamos, los secretos dejan de existir. Nada más errado. Por el contrario, toman más fuerza y son una bomba de tiempo para quienes hacen el esfuerzo de no revelarlos.
Los tres grandes temas que forman parte de los secretos tienen que ver con el origen de las perso-nas, la muerte y el sexo. Por lo general, fueron sucesos vergon-zantes en el momento en que ocurrieron y por eso se esconden. Enfermedades como el sida, la lepra o tuberculosis en otra época, solían ocultarse porque tenían una connotación social y prejuiciosa respecto de quienes las padecían.
También cuestiones vinculadas a adopciones, hijos extra matrimoniales, muertes trágicas o violaciones, son algunos de los tópicos que se encolumna bajo los tres grandes temas antes mencionados.
Para Gisella Suárez, psicóloga especialista en Constelaciones Familiares, “un secreto o algo que se recorta de la familia es como un agujero, como si a un árbol comenzamos a cortarle las raíces, en algún momento va a comenzar a perder fuerza. Las nuevas hojas se debilitan y aparecen síntomas de todo tipo”.
Los secretos pueden ser conscientes, como una determinada información que no se quiere a dar a conocer o inconscientes, información que fue borrada por una persona y todas las que están a su alrededor. En realidad, dice Suárez, “siempre está la ilusión de que si uno no cuenta algo o se lo olvida, no existe y no causa efecto”.
• Tienen patas cortas
Sin saber cómo o en qué momento, esa información que estuvo guardada bajo siete llaves durante muchos años sale a la luz. Para las especialistas, el destino de todo secreto es, tarde o temprano, su revelación. Es que “hay momentos en que no pueden sostenerse más porque el alma –lo más profundo de una persona- no puede guardar secretos, entonces aparece en algún momento por error de alguien o por alguien que se parece tanto a eso que queremos ocultar que se vuelve como un espejo”, explica Suárez dejando en claro que al inconsciente no se lo puede estafar.
También puede ocurrir que en el afán de esconderlo aparece en un miembro de la familia de la generación siguiente que toma este aspecto que había quedado inconcluso y lo hace propio.
Para Silvia Luz Clara, las familias suelen dividirse entre quienes saben el secreto y quienes no. Se genera una especie de subgrupo de referencia que permite sobrellevar con más desahogo dicha información. Sin embargo, “los secretos generan más efectos cuanto más tiempo se sostengan. Algo que tiene que ver con la identidad de una persona (adopción) puede ser develado cuando el niño hace preguntas y está en condiciones de saber. En cambio, hay cuestiones más graves como el abuso sexual infantil que en ese caso mantener el secreto significa casi ser cómplice. Siempre en estos casos es bueno hablar”, explica Luz Clara.
De hecho, agrega Suárez, cuando un secreto se revela se siente una especie de liberación para todos a pesar del desastre que provocó. “Esto no significa que todos tengamos que saber todo indiscriminadamente. Los hijos no deben saber todo sobre la pareja de los padres porque eso pertenece al terreno de lo privado. Entonces en la medida que cada uno pueda integrar sus partes no reconocidas o dolorosas, no es necesario tener secretos”.
|