•Aunque el síndrome no existe como tal, la sensación de que el período de vacaciones es tiempo “perdido” o “improductivo” es un fenómeno cada vez más frecuente entre quienes sienten que no pueden poner un freno a su actividad.
¿Parar para volver a empezar o para retomar? El cambio de almanaque habilita a las promesas, balances y deseos que en la vida real no siempre se cumplen. Estar de vacaciones: ¿implica desactivarse o reactivarse?
“En realidad el cambio de almanaque es una fantasía de que algo termina, pero en realidad se trata de una continuidad”, opina la psicóloga Silvia Luz Clara. “Así como las vacaciones son el momento en el cual se proyecta hacer lo que durante el año no se puede por falta de tiempo, como pintar la casa, caminar y hacer ejercicio; también el fin de año implica algo parecido. Cambiar el calendario forma parte del modo en que organizamos nuestra vida cotidiana, con un tiempo, un espacio y un ritmo distinto”.
Para la especialista, el cambio de año es -básicamente- un acuerdo mundial que lleva a la ilusión de dejar cosas viejas y alimentar esperanzas de cambios.
El balance de fin de año es una práctica que han adoptado muchas empresas en los últimos tiempos como una manera de “medir” el rendimiento de empleados y sistemas. Pero “creo que la vida del ciudadano común no está teñida del análisis crítico y la reflexión de lo que realizará el próximo año. Son expresiones de deseo pero pocos son los que se plantean acciones concretas para cambiar. Por ejemplo, no creo que sean muchos los que estén pensado que el año próximo será mejor que este”, reflexiona refiriéndose a la crisis mundial que ya suma consecuencias concretas en la economía de la región.
• Soy lo que produzco
Este fenómeno se ve tanto en las personas que van a la playa con la notebook y el celular para continuar con el trabajo, como en el jugador compulsivo que pasa sus vacaciones en el casino para que, de alguna manera, estas jornadas resulten productivas. Cuando el período de ocio improductivo se torna impensable, las vacaciones pueden convertirse en una experiencia frustrante. Pero estos sentimientos de “culpa” ante las vacaciones tienen correlato en ocaciones con algunas profesiones donde el trabajo es precario, inestable o independiente, donde la persona no sabe si perdurará su fuente de ingresos en el año que comienza. Sin embargo, no tiene más remedio que esperar hasta marzo o abril cuando la rueda comience a girar.
“Es cierto que el trabajo es parte y termina conformando la identidad de la persona. Si te identificás con la tarea y te da placer, además te provee el sustento para vivir, ya tenés una serie de elementos que lo hacen más rico. Pero tomar distancia también ayuda a la tarea sea enriquecida y retomada con más energía”, aconseja Luz Clara.
El estrés pos vacacional también existe y se traduce en el castigo por el disfrute hallado dentro de la pausa. Así surgen en ocaciones enfermedades concretas como depresiones, estados de angustia, accidentes y peleas dentro del seno familiar. Esto ocurre, principalmente, porque muchas personas viven las vacaciones como una obligación, en lugar de sentirlas como algo deseado.
Para Luz Clara, “el teléfono y la computadora son solo facilitadotes de nuestra tarea laboral. Son sólo una parte de nuestra vida, de la cual tenemos que aprender a prescindir. Aunque implica un esfuerzo, es importante encontrarse con uno mismo para identificar cuáles son las cosas realmente esenciales”, finaliza.
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