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Luego de varios años de debate y discusión, el derecho a conocer los orígenes ha adquirido trascendencia y entidad propia, básicamente, a raíz de la historia reciente y las desapariciones de personas durante el proceso militar en Argentina. Por ello, en poco tiempo el adoptado podrá acceder a todos los registros y/o expedientes donde conste información sobre sus orígenes. Pero más allá de el aspecto legal, emerge el plano afectivo, tanto o más controvertido para quienes deben contarle a sus hijos una historia distinta.
 
 

Una historia distinta a las convencionales que comienza mucho tiempo antes de encontrarse con su mamá y su papá y que también tiene que ver con el deseo manifiesto de tener un hijo. En otra época, y aún hoy se ve en algunas telenovelas, frente a la proximidad de una adopción, la pareja simulaba un embarazo o inventaba un largo viaje del cual volvía con un bebé.
La imposibilidad de dar a luz implicaba perder aquella condición que la sociedad determinaba como irrenunciable: madre y mujer eran casi sinónimos. En tanto, para el hombre, implicaba perder su hombría.
Actualmente ya no se plantea como opción no decirle a un hijo que es adoptado, porque se trata de información vinculada al derecho de conocer su origen y encontrarse con su identidad. Sin embargo, esto genera dudas y conflictos internos en los padres que temen por la reacción de ese hijo.
Para Anabella Bersais, Psicóloga de niños, el mejor momento para decirle a un niño que es adoptado tiene que ver con el momento evolutivo de ese nene. En este sentido, lo recomendable, dice, es dosificar la información en la medida que pregunte.

• Los “por qué”

Desde a los 3 a 5 años, los niños suelen hacer preguntas vinculadas al origen. Tal vez sea un buen momento para comenzar a darles datos puntuales. “En ese momento se le puede decir que él estuvo en la panza de otra mamá, y después vino a vivir con esta mamá. Si el nene sigue preguntando, se le siguen dando respuestas, sino eso es todo porque a esa edad, el niño pregunta hasta donde necesita saber”, explica Bersais.
Probablemente al mes o a los dos meses, sin previo aviso, vuelva a preguntar y “como adulto tiene que estar preparado para hablar del tema. Seguramente el nene va a manejarlo con más naturalidad. Entonces, para él, lo único que cambió es que creció en otra panza porque su vida cotidiana es con estos papás”.
¿Qué es ser adoptado? Las revistas especializadas sobre el tema sostienen que una respuesta adecuada es decirles que ser adoptado es ser un hijo igual que los demás pero con una historia que empieza antes de encontrarse con su mamá y su papá. En cierta forma, también cuando se adopta un hijo se vive un embarazo. Toda adopción conlleva una espera que resulta larga, llena de esperanzas y temores, dudas, ansiedades, expectativas e ilusiones que le van dando forma al niño, lo van imaginando aun antes de conocerlo.
Es un tiempo de gestación durante el cual el futuro hijo va ocupando un lugar y, cuando se produce el primer encuentro con sus padres, se abre también la necesidad de ir conociéndose y descubriéndose. Introducir la palabra adopción en el discurso es una manera de que el niño valla naturalizando la situación.

• Revelar el secreto

Ocultar información, evadir el tema o esperar a que el niño arribe a la adolescencia para decirlo no es la mejor opción. “Hay familias que lo cuentan en la adolescencia, con los conflictos que le supone esto a esa edad”, opina Bersais. “Es como un secreto que se va revelando de a poco en la medida que la familia adoptante se encuentre preparada”, agrega. Superada esta etapa llega la de post adopción que también es un proceso complicado.

 
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