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Por Dra. Marina Alonso. Psiquiatra y psicoanalista
Las mujeres conquistamos el derecho de trabajar, de estudiar, de dirigir, de gobernar, impensables en la época de mujeres como Virginia Wolf quienes padecían el hecho de nacer inteligentes pues al no ser consideradas con derechos de participación social quedaban encarceladas en su propio mundo interior. Ahora bien, el derecho que hoy poseemos es el de hacer todo eso COMO. MUJERES! El salir a la calle no nos convierte en hombres, no cambia nuestra psicología ni nuestra fisiología, Ni la manera en que vemos el mundo. Las mujeres seguimos poseyendo psicología femenina. Y esa es la gracia o debiera serlo, de nuestra inserción en el, otrora, mundo de los hombres. Llegamos allí para sumar, para aportar nuestra mirada. |
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• Por alguna razón, probablemente por falta de experiencia previa, ellos nos vivieron como una amenaza, según parece aun lo viven así en muchos espacios laborales, y eso desencadeno actos discriminatorios o abusivos de diversa índole. Tal vez tengamos como tarea pendiente, las mujeres, revisar nuestro modo de incluirnos al lado de los hombres. Tal vez sea justamente esa la frase clave: al lado.
Dándoles a ellos nuestra mirada de lo mismo que ellos miran con psicología masculina.
Sumar...compartir...hacer juntos lo social.
• Por siempre mamá
Y una cuestión interesante a tener en cuenta es que las mujeres adquirimos el espacio externo, el mundo de los hombres, pero no hemos perdido, no deberíamos haber perdido, no deberíamos perder, el espacio de maternaje. La crianza, el arrullo, la introducción en la lengua «materna», la experiencia de la ternura, la enseñanza del NO, la coquetería, lo que las mujeres esperamos de los varones, o como debe actuar una mujer ante la diferentes circunstancias de la vida, todo eso, antes nos lo enseñaban esas mujeres que no salían de su casa y ahora nos lo tienen que seguir enseñando estas mujeres que salen de su casa, cuando vuelven, cuando nos llevan a dormir o a bañar, o cuando nos llevan al colegio o salimos de compras. No hay otra alternativa, si no, nos cría la tele y terminamos hablando como los dibus, ellos nos hacen de modelo después de incontables horas de arrullarnos y criarnos.
Esta me parece una de las ideas que requieren mas reflexión hoy, pues vemos a diario en los consultorios patologías derivadas de la falta de contacto afectivo, CONTACTO, piel y oído, tiempo para tocar y para escuchar a los hijos, tiempo quiere decir tomarse tiempo de varios minutos entre lo que el chico dice y lo que vamos a contestar ,para pensar en lo que dijo, porque las mas de las veces respondemos sin preguntarle que quiso decir, apurados, vamos generando patologías de ansiedad, que termina en gestor de ansiedad, que mas adelante, en la adolescencia, se transforman en violencia, pues nunca aprendieron a esperar porque nunca fueron esperados en sus tiempos
A mi me parece que ganamos mucho!!! La VIDA, el derecho a elegir nuestra vida, a vivirla como queremos. Eso si, tenemos que tomar decisiones, no tenemos que querer gozar de los derechos y luego jugar a las víctimas o a las débiles, sabemos bien como conseguir lo queremos y debemos hacerlo.
• Por la complementariedad
Pero creo que sin lugar a dudas perdimos, y eso siempre se detecta una o dos generaciones después, y lo que perdimos es manejo de la tarea maternal, autoridad, perdimos ternura, nos volvimos un poco mas frías y calculadoras en relación a los hombres, les exigimos con cierta dureza, como si les cobráramos alguna deuda histórica, o ancestral, sin terminar de asumir que los parimos y los criamos nosotras, o como decía antes, abdicamos de hacerlo y la consecuencia es que ellos nos muestran en sus actos lo que hicimos, no importa que mujeres, de que generación, fuimos nosotras, nuestras madres, y serán así nuestras hijas si no nos avivamos.
La relación de rivalidad o competencia entre hombres y mujeres, como toda rivalidad, presupone una lucha entres pares, y si hay algo que caracteriza la relación hombre mujer es la desigualdad, la diferencia complementaria. Si una relación es posible es la suma, hasta la anatomía tiene la forma complementaria. Y parece que nos miráramos siempre en el espejo del otro y quisiéramos lo del otro. El retrucarse todo, el si pero..., el no pero... se juega muchas más veces que el «nosotros dos». Parece que cuesta mucho acordar, porque ambos tienen que renunciar a algo individual para poder tener un ALGO COMPARTIDO.
El ejercicio de esa complementariedad, sin embargo, requiere un importante trabajo psíquico, de renuncia al propio egoísmo (el de cada uno), de ejercicio de la voluntad de quererse, de conciencia de que el AMOR es mucho más que la química que me lleva hacia el otro, es mas bien ese acto conciente y trabajoso y mucho menos romántico pero de efectos duraderos y consistentes, y que permite la consecución del proyecto familiar a lo largo del tiempo.
En este sentido, y como parte de la evolución de la vida de las mujeres, ahora tenemos o nos tomamos la libertad de no tener hijos, y eso esta muy bueno, porque indica que la maternidad ya no es un mandato ligado a la condición de mujer, y entonces cabe suponer que en algún tiempo no tan lejano, las mujeres decidirán tener hijos por vocación maternal y entonces les darán a estos la crianza que se merecen y estarán acompañadas por hombres con ansia de paternidad, ya que buscaran relacionarse con esos hombres. O al menos me resta soñar que así será. |
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