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Automedicación, ¿mala palabra?
 
En épocas en que no hay tiempo para perder, no hay lugar para un refrío y mucho menos para esperar que el médico de guardia nos atienda, tenemos la necesidad de “sentirnos bien en todo momento”.
Nosotros, que no podemos faltar al trabajo. O nuestros hijos, que no deben perder días de clase. Siempre el camino más corto es la automedicación y recurrimos a las ‘posiones mágicas´ de nuestras madres, suegras o vecinas que nos garantizan un resultado efectivo y sin necesidad de recurrir a ningún especialista. ¿Es la automedicación una mala palabra? Está comprobado que, estadísticamente, tres de cada cuatro adultos se autodiagnostican. Para las farmacéuticas Mercedes López y Lucía Venturini, de la red La Farmacia, “es posible una automedicación, siempre y cuando sea responsable”.
 
 
No puedo venderte un colirio si lo que estás por tener es un orzuelo”, le dice la farmacéutica a una adolescente que frota sus ojos con insistencia. Tras intercambiar un par de ideas, la chica da media vuelta y se retira de la farmacia con las manos vacías. La especialista se queda con la satisfacción del deber cumplido: informar y prevenir al paciente-cliente, aunque no sabe si esto alcanzará para que la adolescente visite al especialista o decida ‘probar suerte´ en otra farmacia, donde consiga el medicamento sin tener que responder a tantas preguntas.
“La automedicación no es una mala palabra, existe lo que se denomina automedicación responsable porque, de hecho, existen los medicamentos de venta libre que son los que están destinados a aliviar dolencias que no exigen en la práctica una intervención médica y que además, su uso, en condiciones y dosis adecuadas no entrañan peligros para el consumidor. El paciente debe hacerse responsable de su salud, siempre y cuando tenga armas para su auto cuidado”, explican las farmacéuticas de La Farmacia, ubicada sobre calle Ameghino, casi esquina Alsina.
Es decir, no en todos los casos auto administrarse medicamentos de venta libre es un riesgo. “Dentro de la automedicación debe haber una política sanitaria que permita que la población tenga acceso a la información, para que cada persona pueda decidir sobre su salud”, explican insistiendo en la necesidad de reconocer que la automedicación existe y es necesario reconocerla.
“El hecho es que la automedicación es una realidad que debe asumirse. La información y la educación sanitaria pueden ayudar a que se haga de forma responsable y positiva. Y a que se consiga erradicar la automedicación indeseable y peligrosa”.

• Tiempos modernos

Estar sanos, o por lo menos parecerlo, sentirnos bien, activos y ‘con pilas´ durante las 24 horas del día, es casi un mandato en los tiempos en que hay que conjugar trabajo, hogar, familia y deportes. No hay tiempo para recaídas ni resfríos, por eso los complejos vitamínicos son de los más pedidos en las farmacias.
López y Venturini así lo reconocen y agregan una larga lista de los factores que estimulan la automedicación. “la gente nos dice que tiene poco tiempo para acudir a la consulta médica, se suma la pérdida de credibilidad sanitaria basada en el deterioro de la relación médico –paciente. En el caso de procesos patológicos banales-como resfríos, gripe, cefaleas, trastornos intestinales- que por su carácter de cronicidad son poco valorados por los pacientes. Las propagandas en los medios de comunicación de medicamentos que muestran alivios inmediatos de síntomas son un incentivo importante para muchos pacientes-clientes que se acercan con el nombre del medicamento que vieron en la televisión. En estos casos, la auto medicación complica más la patología de base, porque se están tapando síntomas”, coinciden ambas.

• Todos somos médicos

Esa es la sensación que tenemos cuando tomamos un medicamento que –suministrado por nosotros mismos- nos hizo bien en alguna oportunidad. Lo cierto es que cada cuadro es particular y diferente para cada persona. Analgésicos, antigripales, vitaminas y antiácidos son los medicamentos más automedicados de manera indiscriminada.
“Los laxantes, por ejemplo, producen un círculo vicioso, acostumbramiento e irritación de la mucosa intestinal. El intestino se pone vago, no trabaja y provoca el estreñimiento. Hay mucha gente que los consume periódicamente” explica Mercedes López, citando uno de los casos más comunes. Es que “uno de los grandes peligros de la automedicación es el enmascaramiento de los síntomas –sobre todo en los niños- que se tapan con un antifebril y el chico tal vez está incubando otra enfermedad”, agrega Lucía Venturini. Siempre, la consulta a tiempo con el especialista es la mejor automedicación.
 
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